La idea de que el Papa viniera a Chile surgió al finalizar su acción pacificadora entre Chile y Argentina. A fines de 1985, Juan Pablo II aceptó la invitación que le había hecho la Conferencia Episcopal chilena y el 1 de abril de 1987 pisó tierra chilena. Cinco personas encabezaron los preparativos. Entre ellos se encontraba Monseñor Cristián Precht y Alberto Etchegaray. Millones de chilenos salieron a las calles a recibir al Pontífice. Durante su primer día, visitó la Catedral de Santiago y, por la tarde, la Virgen del cerro San Cristóbal.
Durante su visita, el Papa estuvo en Santiago, La Serena, Concepción, Puerto Montt, Punta Arenas y Antofagasta. Se reunió con jóvenes, indígenas, campesinos, polacos residentes en Chile, religiosas, enfermos, políticos y dirigentes sindicales.
El segundo día, Juan Pablo II fue a La Moneda. Allí sostuvo una entrevista privada con el general Augusto Pinochet. En la población La Bandera, en la zona sur de Santiago, Juan Pablo II se reunió con el mundo de los pobres.
En su viaje a Chile demostró varias de sus características como Papa y como hombre. En la reunión con las familias en Rodelillo, fue tajante en su defensa del matrimonio y su rechazo al divorcio, un tema en el que se ha mantenido firme.
En el Estadio Nacional el Papa se reunió con los jóvenes. Durante su visita al Hogar de Cristo el Papa rezó junto a la tumba de Alberto Hurtado, animó a los enfermos y se encontró con Carmen Gloria Quintana. Juan Pablo II también se reunió con políticos, empresarios y dirigentes sindicales. El 6 de abril de 1987, un cuarto para las dos de la tarde, Juan Pablo II se fue a Argentina.

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